Christian's profileJW foreverPhotosBlogListsMore Tools Help

Christian

Occupation
Interests
Soy Testigo de Jehova, eso lo dice todo
No list items have been added yet.

JW forever

December 20

Principios bíblicos útiles

En el círculo familiar.

“Que cada uno siga buscando, no su propia ventaja, sino la de la otra persona.” (1 Corintios 10:24.)

“El amor [...] no busca sus propios intereses.” (1 Corintios 13:4, 5.)

“Que cada uno de ustedes individualmente ame a su esposa tal como se ama a sí mismo.” (Efesios 5:33.)

“Esposas, estén en sujeción a sus esposos.” (Colosenses 3:18.)

“Escucha a tu padre, que causó tu nacimiento, y no desprecies a tu madre simplemente porque ha envejecido.” (Proverbios 23:22.)

En la escuela, el empleo o los negocios.

“Una balanza defraudadora es cosa detestable [...]. El inicuo obtiene salario falso.” (Proverbios 11:1, 18.)

“El que hurta, ya no hurte más, sino, más bien, que haga trabajo duro.” (Efesios 4:28.)

“Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma.” (2 Tesalonicenses 3:10.)

“Cualquier cosa que estén haciendo, trabajen en ello de toda alma como para Jehová.” (Colosenses 3:23.)

“Deseamos comportarnos honradamente en todas las cosas.” (Hebreos 13:18.)

En la actitud hacia el dinero.

“El que se apresura a ganar riquezas no permanecerá inocente.” (Proverbios 28:20.)

“Un simple amador de la plata no estará satisfecho con plata.” (Eclesiastés 5:10.)

Al determinar nuestra valía personal.

“El que la gente ande buscando su propia gloria, ¿es eso gloria?” (Proverbios 25:27.)

“Alábete un extraño, y no tu propia boca.” (Proverbios 27:2.)

“Digo a cada uno que está allí entre ustedes que no piense más de sí mismo de lo que sea necesario pensar.” (Romanos 12:3.)

“Si alguien piensa que es algo, no siendo nada, está engañando su propia mente.” (Gálatas 6:3.)

Los principios divinos nos benefician

TODOS sabemos que los animales siguen su instinto, y que hay máquinas programadas para ejecutar determinadas funciones. Pero el ser humano fue creado para que se guiara por principios. ¿Cómo podemos estar seguros de ello? Pues bien, Jehová, quien ha dado origen a todo principio correcto, dijo lo siguiente cuando hizo a los primeros seres humanos: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza”. El Creador es un espíritu; no posee un cuerpo físico como nosotros. Por tanto, estamos hechos a su “imagen” en el sentido de que podemos reflejar su personalidad, manifestando a cierto grado sus buenas cualidades. Tenemos la facultad de regirnos por principios, es decir, obrar conforme a lo que creemos que es un código de buena conducta. Jehová se encargó de que se pusieran por escrito muchos de ellos en su Palabra (Génesis 1:26; Juan 4:24; 17:17).

“Pero la Biblia contiene cientos de principios —tal vez diga alguien—. Me es imposible aprenderlos todos.” Y es verdad. Sin embargo, pensemos en esto: aunque todos los principios divinos son buenos, algunos tienen mayor importancia. Sirva de botón de muestra Mateo 22:37-39, donde Jesús indicó que entre los mandamientos y principios correspondientes de la Ley de Moisés, unos eran de más peso que otros.

¿Cuáles son estos? Los principios bíblicos clave son los que ejercen una influencia directa en nuestra relación con Jehová. Si los obedecemos, el Creador resulta ser la fuerza dominante de nuestra brújula moral. Además, existen principios que influyen en las relaciones con los demás. Si los ponemos en práctica, nos ayudarán a resistir el yoísmo, o como sea que lo llamemos.

Analicemos una de las verdades bíblicas esenciales. ¿Cuál es y cómo nos concierne?

“El Altísimo sobre toda la tierra”

Las Santas Escrituras dejan claro que Jehová es nuestro Magnífico Creador, el Dios todopoderoso. Nadie puede igualarlo o suplantarlo. Esta verdad bíblica es clave (Génesis 17:1; Eclesiastés 12:1).

Uno de los escritores del libro de Salmos dijo de Jehová: “Tú solo eres el Altísimo sobre toda la tierra”. El rey David de la antigüedad afirmó: “Tuyo es el reino, oh Jehová, Aquel que también te alzas como cabeza sobre todo”. Y el renombrado profeta Jeremías se sintió impelido a consignar: “De ninguna manera hay alguien semejante a ti, oh Jehová. Tú eres grande, y tu nombre es grande en poderío” (Salmo 83:18; 1 Crónicas 29:11; Jeremías 10:6).

¿Cómo debemos aplicar tales verdades acerca de Dios en nuestra vida cotidiana?

Es obvio que el Creador y Dador de vida debe ocupar un lugar preeminente en nuestra existencia. ¿No sería apropiado, pues, resistir toda tendencia a llamar la atención a nosotros mismos, tendencia que puede ser mayor en unos que en otros? Un sabio principio rector es “ha[cer] todas las cosas para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). El profeta Daniel fue un buen ejemplo de ello.

La Biblia nos cuenta que un sueño perturbó al rey Nabucodonosor de Babilonia, y que él pidió que se le explicara su significado. A pesar del desconcierto general, Daniel informó con exactitud al rey lo que deseaba saber. ¿Se atribuyó por ello el mérito? No, sino que glorificó al “Dios en los cielos que es un Revelador de secretos”. Y añadió: “No por ninguna sabiduría que exista en mí más que en cualesquiera otros que estén vivos me es revelado este secreto”. Daniel era un hombre de principios. No sorprende que en el libro que lleva su nombre, se le califique de “muy deseable” a la vista de Dios (Daniel 2:28, 30; 9:23; 10:11, 19).


Imitar a Daniel nos beneficiará. Para seguir su modelo, el factor clave es la motivación. ¿Quién debe recibir la honra por lo que hacemos? Sin importar nuestra situación, tenemos la capacidad para actuar en armonía con este principio bíblico de vital importancia: Jehová es el Señor Soberano. Si así lo hacemos, seremos “muy deseable[s]” a sus ojos.

Analicemos ahora dos principios básicos que nos sirven de guía en el campo de las relaciones humanas, ámbito de la vida especialmente difícil ante el énfasis generalizado en el yo.

“Con humildad mental”

Los egoístas rara vez se sienten satisfechos. La mayoría anhela una vida cada vez mejor y la quiere en el acto. La modestia, para ellos, es señal de debilidad. Creen que solo los demás deben tener paciencia y que, con tal de triunfar, todo vale. ¿Hemos de comportarnos como ellos, o contamos con alguna otra opción?

Los siervos de Dios se enfrentan a esa actitud a diario, pero no debería influir en ellos. Los cristianos maduros aceptan el principio de que “no el que a sí mismo se recomienda es aprobado, sino el hombre a quien Jehová recomienda” (2 Corintios 10:18).

Aplicar la norma de Filipenses 2:3, 4 nos ayudará, pues ese texto nos anima a no hacer “nada movidos por espíritu de contradicción ni por egotismo, sino [a considerar] con humildad mental que los demás son superiores a [nosotros]”. Así no estaremos “vigilando con interés personal solo [nuestros] propios asuntos, sino también con interés personal los de los demás”.

Un hombre que mantuvo una actitud equilibrada de sí mismo y de su valía fue Gedeón, juez de los antiguos hebreos. Él no trató de ser caudillo de Israel, y aun cuando se le designó para el cargo, dijo que no se lo merecía. “El millar mío es el más pequeño de Manasés, y yo soy el más chico de la casa de mi padre”, argumentó (Jueces 6:12-16).

Por otra parte, tras la victoria que Jehová le dio, los hombres de Efraín trataron de pelear con él. ¿Cómo reaccionó Gedeón? ¿Se había engreído por el triunfo? No. Evitó un desastre con una respuesta suave, a saber: “¿Pues qué he hecho yo en comparación con ustedes?”. Gedeón tenía humildad mental (Jueces 8:1-3).

Claro está, aquellos incidentes ocurrieron mucho tiempo atrás, pero, aun así, es útil analizar el relato. Se observa que la actitud de Gedeón era muy diferente de la que predomina hoy en día, y que le reportó beneficios regirse por ella.


La actitud actual, centrada en el yo, puede distorsionar el concepto que tenemos de nosotros mismos. Los principios bíblicos corrigen tal distorsión y nos enseñan cuál es nuestra auténtica valía con respecto al Creador y al prójimo.

Cuando nos regimos por ellos, vencemos el yoísmo. Ya no nos dominan los sentimientos o nuestras inclinaciones personales. Cuanto más aprendemos de los principios justos, mejor conocemos a Aquel que les dio origen.En efecto, vale la pena prestar especial atención a los principios divinos siempre que leamos la Biblia (véase el recuadro).

Jehová hizo al hombre superior a los animales, los cuales siguen principalmente su instinto. Hacer la voluntad de Dios supone vivir según sus principios. Así, mantendremos en óptimas condiciones nuestra brújula moral para que nos guíe hasta el nuevo mundo de Dios. La Biblia nos da razón para esperar el cercano establecimiento de un nuevo sistema de cosas en el que “la justicia habrá de morar” por toda la Tierra (2 Pedro 3:13).

La elección de principios

¿ES USTED una persona de principios, o cree que las normas morales están algo anticuadas? La verdad es que todos nos guiamos por algún tipo de ética que consideramos importante, una especie de código personal de buena conducta. Los principios influyen en nuestras decisiones y marcan el curso de nuestra vida, como si fueran una brújula.

Jesús, por ejemplo, exhortó a sus discípulos a regirse por la Regla de Oro, escrita en Mateo 7:12: “Todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también ustedes de igual manera tienen que hacérselas a ellos”. Los seguidores de Confucio observan los principios del li y del jen, los cuales representan cualidades como la bondad, la humildad, el respeto y la lealtad. Incluso quienes no son religiosos cuentan con prioridades o directrices que regulan su comportamiento.

Qué clase de principios?

Es bueno tener presente, no obstante, que existen principios buenos y malos. Por ejemplo, a cada vez más personas las mueve lo que, en los últimos años, se ha denominado yoísmo. Aunque tal vez mucha gente desconozca el término o crea que no le atañe, el yoísmo es un código de conducta alternativo al que recurren numerosos individuos en sustitución de altas normas morales. Designémoslo así o no, es una manifestación de egoísmo, a menudo acompañado de materialismo ciego. “Solo tenemos dos máximas —afirmó un dirigente de una cadena de televisión china— . Una es satisfacer la demanda, y la otra, ganar dinero.”

El yoísmo actúa como un imán. ¿Y qué sucede cuando se acerca un imán a una brújula? La aguja marca un rumbo equivocado. Igualmente, el yoísmo es capaz de confundir nuestra brújula moral, es decir, nuestro código de buena conducta, y hacer que todo quede subordinado a nuestros deseos.

¿Le sorprendería saber que el yoísmo no es un fenómeno moderno? Esta concepción de la vida hunde sus raíces en el jardín de Edén, cuando nuestros primeros padres incumplieron los preceptos fijados por el Creador, lo cual les alteró su brújula moral. La humanidad, al descender de Adán y Eva, tiende a esa misma actitud, más recientemente llamada yoísmo (Génesis 3:6-8, 12).

Su difusión se hace patente, en particular, durante el período que la profecía bíblica denomina “los últimos días”, caracterizados por “tiempos críticos, difíciles de manejar” y por la abundancia de hombres “amadores de sí mismos”. No es de extrañar, pues, que nos sintamos presionados para que imitemos la filosofía del yo primero (2 Timoteo 3:1-5).

Quizá el lector concuerde con Olaf, joven que escribió las siguientes palabras a una sucursal europea de los testigos de Jehová: “Es muy difícil conservar la rectitud moral, en especial para nosotros los jóvenes. Por favor, sigan recordándonos la necesidad de atenernos a los principios bíblicos”.

Olaf reflejó perspicacia. Los principios divinos nos ayudan —tanto a jóvenes como a mayores— a aferrarnos a elevadas normas de conducta y a resistir el yoísmo, sea que lo llamemos así o no. Si desea saber más sobre cómo pueden beneficiarle realmente los principios bíblicos, tenga la bondad de leer el próximo artículo.

 

November 16

Por qué puede usted confiar la Biblia

Por qué puede usted
confiar en la Biblia

Hay personas que dicen que la Biblia no es confiable, y sus opiniones han alcanzado una amplia aceptación. En consecuencia, hoy en día hay mucha gente que descarta lo que la Biblia dice por no considerarlo fiable.

De otra parte, cuando Jesucristo oró a Dios, empleó una expresión que induce a confiar en la Biblia: “Tu palabra es la verdad”. Y la propia Biblia afirma que fue inspirada por Dios. (Juan 17:17; 2 Timoteo 3:16.)

¿Qué opina usted? ¿Existe una base sólida para confiar en la Biblia? ¿O verdaderamente hay pruebas de que no es confiable, se contradice y es inconsecuente?

¿Se contradice la Biblia?

Aunque hay quienes afirman que la Biblia se contradice, ¿le ha mostrado alguien alguna vez un ejemplo concreto? Nosotros nunca hemos visto ningún ejemplo que, después de analizado, se haya podido confirmar. Es verdad que en ciertos relatos bíblicos parece haber discrepancias. Pero, por lo general, el problema se debe a que se desconocen los detalles y las circunstancias de la época.

Por ejemplo, algunas personas tal vez se remitan a lo que para ellas es una discrepancia en la Biblia, y pregunten: ‘¿De dónde consiguió Caín su esposa?’. Existe la suposición de que Caín y Abel fueron los únicos hijos que Adán y Eva tuvieron. Pero esa suposición se basa en un concepto erróneo de lo que dice la Biblia. La Biblia explica que Adán “llegó a ser padre de hijos e hijas”. (Génesis 5:4.) De modo que Caín se casó con una de sus hermanas o posiblemente con una sobrina.

Los que critican la Biblia a menudo solo buscan contradicciones, por eso puede que digan: ‘El escritor bíblico Mateo dice que un oficial del ejército fue a pedirle un favor a Jesús, mientras que Lucas dice que envió a unos representantes suyos para que lo hicieran. ¿Cuál de los dos relatos es el correcto?’. (Mateo 8:5, 6; Lucas 7:2, 3.) Pero, ¿acaso se trata realmente de una contradicción?

Cuando una actividad u obra se atribuye a quien verdaderamente la origina, ninguna persona razonable aducirá que existe alguna discrepancia. Por ejemplo, ¿considera usted erróneo atribuir a un alcalde la construcción de una carretera porque quienes en realidad la construyeron fueron los ingenieros y obreros de su municipio? ¡Por supuesto que no! De manera similar, no es inconsecuente que Mateo diga que fue el oficial del ejército quien le pidió el favor a Jesús, aunque, como escribe Lucas, la petición la hizo valiéndose de ciertos representantes.

Según se van conociendo más detalles, las aparentes discrepancias de la Biblia desaparecen.

Historia y ciencia

En el pasado muchas personas ponían en duda la exactitud histórica de la Biblia. Por ejemplo, hubo críticos que dudaban de la existencia de personajes bíblicos como el rey Sargón de Asiria, el rey Belsasar de Babilonia y el gobernador romano Poncio Pilato. Pero descubrimientos recientes han ido verificando un relato bíblico tras otro. A este respecto, el historiador Moshe Pearlman escribió: “De repente, personas escépticas que habían dudado incluso de la autenticidad de las partes históricas del Antiguo Testamento empezaron a rectificar sus puntos de vista”.

Si hemos de confiar en la Biblia, esta también tiene que ser exacta en cuestiones científicas. ¿Lo es? Hace relativamente poco tiempo hubo científicos que afirmaban que el universo no tuvo principio, lo cual es contrario a lo que enseña la Biblia. Sin embargo, últimamente el astrónomo Robert Jastrow se refirió a información más reciente que refuta dicha afirmación, y explicó: “Ahora nos damos cuenta de que la evidencia astronómica nos lleva a considerar el origen del mundo desde un punto de vista bíblico. Los detalles difieren, pero los elementos esenciales del relato astronómico y del relato bíblico de Génesis son los mismos”. (Génesis 1:1.)

Los hombres también han cambiado sus conceptos en cuanto a la forma de la Tierra. “Los viajes de los descubridores —explica The World Book Encyclopedia— demostraron que el mundo era redondo, y no una superficie plana como había creído la mayoría de la gente.” ¡Pero la Biblia estuvo en lo cierto desde el principio! Más de dos mil años antes de esos viajes, en Isaías 40:22 la Biblia ya decía: “Hay Uno que mora por encima del círculo de la tierra”, o como dicen otras traducciones: “el globo de la tierra” (Serafín Ausejo), “el orbe terrestre (Biblia de Jerusalén), “la cúpula de la tierra” (Levoratti y Trusso).

De modo que cuanto más aprenden los humanos, mayor es la evidencia de que la Biblia es confiable. Sir Frederic Kenyon, otrora director del Museo Británico, escribió: “Los resultados conseguidos hasta ahora confirman lo que la fe ya intuía: que ante el aumento de conocimiento, la Biblia únicamente puede salir beneficiada”.

Sus predicciones sobre el futuro

¿Pero podemos confiar verdaderamente en las predicciones de la Biblia sobre el futuro, incluso en sus promesas de unos ‘justos nuevos cielos y nueva tierra’? (2 Pedro 3:13; Revelación 21:3, 4.) Pues bien, ¿se ha labrado la Biblia en el pasado un registro de credibilidad? Vez tras vez, las profecías pronunciadas aun con cientos de años de antelación se han cumplido hasta el más mínimo detalle.

Por ejemplo, la Biblia predijo el derrocamiento de la poderosa Babilonia casi doscientos años antes de que sucediera. De hecho, hasta se dijo que los medos, quienes se unieron a los persas, serían los conquistadores. Y aunque Ciro, el rey persa, ni siquiera había nacido, la Biblia predijo que él desempeñaría un papel importante en la conquista. Dijo que las aguas que protegían Babilonia, el río Éufrates, ‘tenían que secarse’, y que ‘las puertas de Babilonia no estarían cerradas’. (Jeremías 50:38; Isaías 13:17-19; 44:2745:1.)

Como informó el historiador Heródoto, estos detalles específicos tuvieron su cumplimiento. Además, la Biblia predijo que Babilonia finalmente se convertiría en ruinas deshabitadas. Y eso es precisamente lo que sucedió. Hoy en día Babilonia es un montón de ruinas totalmente desolado. (Isaías 13:20-22; Jeremías 51:37, 41-43.) En la Biblia hay otras muchas profecías como esta que han tenido un cumplimiento asombroso.

Entonces, ¿qué predice la Biblia respecto al sistema de cosas mundial del tiempo presente? Dice: “En los tiempos últimos vendrán días difíciles. Los hombres serán egoístas, amantes del dinero, orgullosos y vanidosos. Hablarán en contra de Dios, desobedecerán a sus padres, serán ingratos y no respetarán la religión. No tendrán cariño ni compasión [...]. Buscarán sus propios placeres en vez de buscar a Dios. Aparentarán ser muy religiosos, pero con sus hechos negarán el verdadero poder de la religión”. (2 Timoteo 3:1-5, Versión Popular.)

¡Hoy estamos presenciando el cumplimiento de estas palabras! Pero la Biblia también predice lo siguiente para “los tiempos últimos”: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá escaseces de alimento”. Y además, “habrá grandes terremotos, y en un lugar tras otro pestes”. (Mateo 24:7; Lucas 21:11.)

Efectivamente, ¡hay profecías bíblicas que hoy están en pleno cumplimiento! Entonces, ¿qué sucederá con las promesas que aún están por cumplirse, promesas tales como: “Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella”, y “tendrán que batir sus espadas en rejas de arado [...], ni aprenderán más la guerra”? (Salmo 37:29; Isaías 2:4.)

“Demasiado bonito para ser cierto”, quizás digan algunos. Pero en realidad no existe ninguna razón para que dudemos en lo más mínimo de lo que nuestro Creador promete. ¡Su Palabra es digna de confianza! (Tito 1:2.) Al examinar con mayor detenimiento la evidencia, usted se convencerá mucho más.

 
There are no photo albums.
by 
by 
by 
by